El Gallo Pitagórico II
ENTRE BONOS Y SILENCIOS. En el Congreso de la Ciudad de México hay una conversación que nadie quiere dar de frente, pero que desde hace semanas corre en pasillos, oficinas y áreas administrativas: la enorme desigualdad laboral entre trabajadores sindicalizados y personal de estructura.
Porque mientras una parte de la plantilla goza de prestaciones, bonos, compensaciones y garantías laborales robustas —incluso con jornadas que, según trabajadores consultados, en muchos casos apenas alcanzan poco más del medio día—, otra sostiene la operación diaria con salarios mucho más modestos, cargas laborales extensas y jornadas que fácilmente superan las ocho horas.
Los de estructura son quienes redactan, producen, cubren, corrigen, diseñan, operan y sacan el trabajo cotidiano. Son también quienes, en no pocas ocasiones, terminan absorbiendo responsabilidades que van mucho más allá de su nombramiento formal.
Y precisamente ahí está el problema. Trabajadores de lo que antes fue Comunicación Social y hoy forma parte del Canal del Congreso continúan en espera, hasta hoy, de la firma de sus nuevos nombramientos. La incertidumbre laboral crece porque previamente se les pidió firmar su renuncia derivado de la reestructura y transición administrativa. Les prometieron regularización. Les hablaron de nuevos esquemas. Pero el tiempo pasa y los documentos no llegan.
La pregunta empieza a hacerse incómoda: ¿quién tiene detenidos esos nombramientos?
¿La Oficialía Mayor? ¿La dirección actual del Canal del Congreso? ¿La Mesa Directiva? ¿Alguna coordinación administrativa? Porque en política, cuando nadie asume responsabilidad, normalmente significa que todos conocen el problema.
Y mientras las áreas se reorganizan sobre el papel, hay trabajadores que siguen operando en una especie de limbo administrativo: trabajan todos los días, cumplen funciones, entregan resultados… pero sin certeza plena sobre su situación laboral.
El asunto no es menor. La comunicación institucional del Congreso capitalino no funciona sola. Detrás de cada transmisión, cobertura, diseño, boletín o producción hay personal que mantiene andando la maquinaria legislativa mediática de Donceles. Y buena parte de ese personal sigue en espera de un llamado que, a estas alturas, ya debió llegar.
Porque si algo desgasta más que el exceso de trabajo, es la incertidumbre.









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