Mensaje Político
Alejandro Lelo de Larrea
El próximo 16 de diciembre, Luisa Gutiérrez rendirá protesta como presidenta del PAN en la Ciudad de México, con lo que romperá el techo de cristal en el grupo que desde al menos hace 12 años controla al partido en la capital, autodenominado “los quintos”, que siempre ha sido un club de Tobi: puros hombres. Por vez primera ingresa una mujer.
En este punto está el primero de los más importantes retos que tiene Luisa Gutiérrez al frente del panismo en la capital, porque no sólo basta que haya mujeres en el organigrama formal, en las carteras institucionales, sino en el grupo de poder que realmente controla al partido, que lo encabeza Jorge Romero, cuyos subalternos son Mauricio Tabe y Santiago Taboada, así como los alicaídos Andrés Atayde y Luis Mendoza. Ahora también Luisa Gutiérrez.
Otro desafío es hacerle frente y desactivar la narrativa del “cartel inmobiliario” de sus adversarios de Morena, y comprobarle a la sociedad que, como dice ella, ha sido todo un invento. Para ello es muy importante, por ejemplo, que el alcalde de Benito Juárez, Luis Mendoza ponga orden en la demarcación, porque los desarrolladores siguen cometiendo abusos. Lo sabe y legalmente puede evitarlo.
Gutiérrez también tiene el reto de mantener unida la bancada del PAN en el Congreso CDMX, porque su coordinador, Andrés Atayde a la fecha no ha logrado unificarlos y por lo menos dos de cada tres no lo quieren como líder. Luisa ya le externó su pleno respaldo a Atayde este domingo.
El partido también debe alcanzar un mínimo efectivo de militantes para garantizar la supervivencia, su registro. Hablan de la apertura para todo mundo, pero al mismo tiempo no deben afiliar tan desaforadamente, porque el oficialismo podría inflitrarlos y meterlos en problemas.
Por eso es que no abrieron –y seguramente nunca lo harán– la elección de su presidenta al voto de la militancia. La dejaron en el Consejo Regional, versión local del Consejo Nacional, ese que históricamente nunca pudo penetrar el PRI hegemónico y ahora se cuidarán de Morena hegemónico.
Los panistas tienen que convencer a la gente, en los medios, pero más en las calles, en el territorio, que son un partido que los puede representar, que pueden velar por los intereses comunes. Su estrategia no debe estar basada en ganar espacios por los errores de sus adversarios; deben avanzar por sus aciertos, aunque por supuesto también capitalicen equivocaciones del oficialismo.
Todo esto debe ir encaminado al gran momento histórico: el proceso electoral del 2027, quizá la última oportunidad para salvar al país de la dictadura que ellos vislumbran. En 2021, la derrota de Morena en la CDMX fue clave para que no obtuvieran la mayoría calificada en la Cámara de Diputados. Ese debe ser el objetivo de la oposición para 2027.
Para ese proceso electoral, el PAN tiene que hacer una reflexión profunda sobre si al menos en el caso de la CDMX van en alianza con el PRI y el PRD. Si proyectáramos hacia 2027 el porcentaje de votos que obtuvo cada partido en este 2024, si no fueran unidos, perderían varias diputaciones federales y cuando menos dos Alcaldías: Cuajimalpa y Cuauhtémoc. Tendrían amplias probabilidades de ganar en Coyoacán, y sin duda lo harían en Benito Juárez y Miguel Hidalgo, el nuevo bastión panista. O sea, se quedarían sin la estratégica la Cuauhtémoc, donde la alcaldesa actual, Alessandra Rojo, ya fracturó la coalición que le dio el triunfo. El desafío de Luisa es grande. Lo veremos.
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