Mensaje Político
Alejandro Lelo de Larrea
Desde la Coordinación de Comunicación Social del Congreso de la Ciudad de México se pretendió instaurar, de facto, un “corral de la ignominia” –como en 1997 en la Cámara de Diputados–, para bloquear a los reporteros que cubren las actividades de ese Poder Legislativo.
Sin embargo, el golpismo de este jueves fracasó porque los comunicadores no se dejaron, y por la intervención de la diputada Martha Ávila (Morena), presidenta de la Mesa Directiva, y Ricardo Rubio (PAN), presidente de la Comisión de Defensa de los periodistas del órgano legislativo.
Cuando asumió el cargo, apenas el pasado 18 de febrero, la actual coordinadora, Donají Ofelia Olivera Reyes, –quien fue diputada local de Morena por Xochimilco entre 2018 y 2021–, protestó ante el Pleno Cameral guardar y hacer guardar la Constitución. Pero la ha violentado en sus artículos sexto y séptimo que garantizan la libertad de expresión y el acceso a la información, en donde se enmarca el trabajo periodístico.
Olivera, ya en un par de ocasiones, se quedó de brazos cruzados ante la arbitrariedad del área de resguardo legislativo, que pretendió impedir el trabajo de los periodistas en el exterior del Congreso, hace unas semanas que se aprobó la reforma antitaurina.
Este jueves fue más allá en contra de la libre expresión: dio la instrucción de que los reporteros no entraran a la zona de las curules de los diputados, en el salón de Plenos, contrario a lo que ha ocurrido desde hace 37 años que se creó la Asamblea de Representantes del Distrito Federal, la primera generación de ese órgano legislativo.
Violentados en sus derechos, los periodistas recurrieron al diputado Ricardo Rubio, quien de inmediato fue a quitar el cordón de la “unifila” para que pudieran ingresar.
Horas después, la diputada Martha Ávila, presidenta de la Mesa Directiva del Congreso, única autoridad adentro del Salón de Plenos dejó en claro que ella no dio ninguna instrucción de impedirles la entrada y expresó su respeto a la labor periodística y a la libertad de expresión.
Lo que ocurrió este jueves fue la consumación por parte de Donají Olivera del plan que hizo público un día antes, cuando preguntó a un amplio grupo de enlaces de prensa de diputados, qué opinaran sobre impedir la entrada de los periodistas a la zona de curules del Salón de Plenos. Sus argumentos: interrumpen el trabajo de los legisladores, pueden escuchar negociaciones o acuerdos políticos, dejando entre ver que ahí se dicen cosas inconfesables. No encontró eco entre el personal de enlace. Algunos aceptaron la propuesta de platicarlo con sus diputados y uno que otro dijo que esa decisión le corresponde a los legisladores. Olivera se fue por la libre al ordenar que se impidiera el paso a los reporteros este jueves.
Varios le han dicho a Olivera que no se le olvide ya no es diputada y ahora es subordinada de los 66 diputados. No puede irse por la libre.
Ella sabe que se equivocó y, tan es así, que después emitió un mensaje en el chat de prensa del Congreso: “Compañeras y compañeros de los diferentes medios de comunicación, se les recuerda que todos ustedes son parte importante de la difusión y Comunicación de lo que sucede en este Congreso de la CDMX. Por lo que el pleno está abierto para que realicen de manera libre su trabajo periodístico”. En menos de 2 meses dilapidó el bono de confianza que le dieron. ¿Debería seguir en el cargo? Lo veremos.
FOTO: Especial
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