Mensaje Político
Alejandro Lelo de Larrea
La crisis en el Congreso de la Ciudad de México no comenzó ayer con el pleito a golpes entre diputadas del PAN y Morena, luego de que la bancada panista tomó la Tribuna con el argumento de que hoy el bloque oficialista no había cumplido un acuerdo.
En realidad, la crisis en el Congreso de la Ciudad de México es producto de la intrusión de actores políticos externos, de manera sobresaliente la injerencia del Gobierno de la Ciudad, que ve al Congreso como una oficialía de partes que simplemente debe procesar la formalidad de las iniciativas gubernamentales para convertirlas en Leyes, en reformas constitucionales, sin “autorización” para que le modifiquen siquiera una coma.
Esa visión de “oficialía de partes” proviene tanto de la Secretaría de Gobierno, de César Cravioto, como de la Consejería Jurídica, de Eréndira Cruz Villegas. La situación se complica más porque entre ellos hay una pugna de poder que los ha llevado a la confrontación de ver quién influye más en el Congreso.
La crisis del Congreso es pecado original. Proviene de la conformación de la actual Tercera Legislatura, en la asignación de diputaciones plurinominales que le dieron a Morena y aliados la mayoría calificada que, de acuerdo con la oposición, no les tocaba, pues según ellos el Instituto Electoral de la Ciudad de México les regaló siete curules y con ello la mayoría calificada.
Después de ese momento, ya en la operación del Congreso, la intrusión ha llevado a que las decisiones no las tome ninguno de los 66 legisladores, sino fuera del órgano legislativo.
En el caso de los diputados de Morena desde la Jefatura de Gobierno se dan las instrucciones de lo que pueden decir, hacer y deben votar los 33 diputados orgánicos de ese partido. Ni siquiera tienen autorizado presentar un punto de acuerdo y menos una iniciativa. Todo debe pasar previamente por la Secretaría de Gobierno. El propio Cravioto suele llamar a los diputados, de manera directa –afectando los acuerdos de la coordinadora Xóchitl Bravo–, para que se desistan de cualquier propuesta legislativa. Esto no ayuda a la coordinadora, que tiene que sortear esa otra complicación y ha logrado a la fecha mantener la unidad, aunque en el camino algunos diputados han sido lastimados por la actitud de Cravioto. En el caso del PT y el PVEM se les complica más, pues incluso suelen enfadarse porque desde el Gobierno ya ni siquiera les piden por favor que aprueben alguna iniciativa y menos les dan las gracias.
‘Línea’ de Romero y ‘Alito’
Los legisladores de oposición también reciben instrucciones externas. Desde la Presidencia nacional del PAN, Jorge Romero toma las decisiones, como en el caso de todo el paquete económico 2026, en que la bancada del PAN había acordado en principio que votarían a favor, a cambio de que tras la desaparición del Instituto de Transparencia de la Ciudad de México, el órgano desconcentrado de la Contraloría que lo suplirá fuera encabezado por un órgano colegiado de tres integrantes.
Así se había aprobado el sábado en la Comisión de Puntos Constitucionales. Sin embargo, a los panistas les llegó la ‘línea’ de Romero de votar en contra de todo el paquete económico desde las Comisiones, el domingo. Y por eso en Morena decidieron incluir el lunes una reserva a la hora de la discusión de la reforma de transparencia en el Pleno, para que no hubiera tal órgano colegiado, sino una sola persona al frente de las decisiones de transparencia. Esto propició la toma de la Tribuna y después la trifulca por las agresiones a golpes que inició la diputada Yuriri Ayala (Morena) contra la panista Daniela Álvarez. Por cierto, durante el primer año, Ayala fue parte de los legisladores rebeldes de su bancada, con una actitud hostil contra su coordinadora Xóchitl Bravo, al grado de que promovió ‘tumbarla’ de esa posición, confabulada con el diputado Víctor Hugo Romo. Sin embargo, la calmaron dándole la Vicepresidencia de la Mesa Directiva, un cargo institucional que el lunes al violentar a Álvarez demostró que no está a la altura política que se requiere.
El llamado de la presidenta Claudia Sheinbaum este martes a que no se llegue a la violencia en el Congreso, aunque lo hizo a “todos los grupos”, tuvo especial dedicatoria a las diputadas de Morena, Ayala y Rosario Morales, otra muy activa en las agresiones.
También en el caso del PRI las decisiones se toman afuera: en las oficinas del presidente del partido, Alejandro Moreno (a) ‘Alito’, pues los dos legisladores de la bancada son de su grupo político directo: la coordinadora Tania Larios y Omar García, su ex secretario particular. Ambos tienen la instrucción de reventar el orden en el Congreso cada que sea “necesario”, como lo ha hecho ‘Alito’ en el Senado. Por eso Tania Larios el lunes arrancó cables de la consola de sonido y el micrófono del salón de sesiones, pero a Omar García se le pasó la mano empujando a la vicecoordinadora de Morena Brenda Ruiz, quien tuvo que ser defendida por su compañero Pedro Haces Lago.
El coordinador de Movimiento Ciudadano, Royfid Torres tiene un margen mayor de autonomía legislativa, pero también su jefe de partido en la capital, Alejandro Piña, así como la senadora Alejandra Barrales –su ‘gurú’– meten la mano. Por vez primera en más de un año, se dio un alineamiento de toda la oposición contra el oficialismo, pues ninguno de los 20 estuvo siquiera en la discusión del paquete económico. No votaron en contra, pero Cravioto no logró la unanimidad que le instruyó conseguir su jefa.
Este martes, en conferencia de prensa, Torres anunció que MC ya no va a participar en las sesiones del Congreso mientras haya esta circunstancia de “toma de tribuna de unos y otros”. Lo que no dijo el legislador naranja es que el pasado 3 de septiembre metió al Congreso a más de 100 comerciantes que reventaron la sesión.
Los cinco bloques de la 4T
Además de todo, los diputados de la “4T” están divididos en cinco bloques: tres en Morena, el PVEM y el PT. Los morenistas orgánicos son 33 diputados. El grupo mayor lo encabeza Xóchitl Bravo, a quien le atribuyen cercanía con Martí Batres y Cravioto, aunque a estas alturas ya se ganó la confianza de la jefa de Gobierno y acuerda directo con ella.
Ello no implica que existe un bloque que se identifica en línea directa con la jefa de Gobierno: el de Martha Ávila, ex presidenta del Congreso y quien fue coordinadora de Morena durante las dos Legislaturas precedentes.
El tercer grupo es el de los diputados “Claudistas”, en que identifican a cuando menos ocho, que de manera directa dicen coordinarse con Omar García Harfuch, el aspirante a jefe de Gobierno en 2023 que ganó la encuesta, pero lo bajaron.
En el PVEM, el coordinador de facto es Jesús Sesma, quien mantiene posturas que provienen del jefe real del partido a nivel nacional, Jorge González –con quien tiene línea directa–, y en algunas ocasiones ‘tira línea’ el segundo más influyente, el senador Manuel Velasco. Dan su apoyo a Morena, siempre a cambio de algo.
El PT, por ideología, es más cercano a Morena, pero igual en algún momento marcaron una línea cuando anunciaron un acuerdo sólo con el PVEM. Después Xóchitl Bravo los alineó para que ratificaran su alianza con la 4T, a la que se sumó también la coordinadora del PRD en el Congreso y presidenta del partido en la CDMX, Nora Arias, también esencialmente por razones ideológicas. No hay que olvidar que la enorme mayoría de morenistas de la capital tienen su origen en el PRD. Con Arias, la “4T” tiene 46 de los 66 votos en el Congreso, dos más que la mayoría calificada.
La crisis en el Congreso podría distenderse si desde afuera dieran al menos autonomía relativa a los legisladores de todas las bancadas, especialmente al bloque mayoritario oficialista, para cumplir verdaderamente el mandato constitucional y funcionen como el Poder Legislativo, independiente y de contrapeso al Ejecutivo. La prospectiva dice que eso no va a ocurrir, y entonces la crisis seguirá el resto de la Legislatura, y más porque ya están encima, muy anticipadas, las campañas 2027. Lo veremos.
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